La Campaña Mundial por la Igualdad en el Derecho de
Familia (GCEFL) organizó este evento con el apoyo del Gobierno
de Zambia, las Oficinas Gubernamentales de Suecia, el Grupo de Trabajo
de la ONU sobre la Discriminación contra las Mujeres y las Niñas, ONU
Mujeres y el Comité Coordinador de la GCEFL, CLADEM entre
Ellas.
En la jornada, las panelistas se refirieron a la oposición
global a los derechos de las mujeres, el auge del discurso de los "
valores familiares" en la región LAC y su impacto en la igualdad. Se
destacó la reforma del derecho de familia y la construcción de
movimientos como estrategias clave para enfrentar la movilización de
grupos anti-derechos.
A continuación, las reflexiones de Tamara Amoroso,
integrante del Consejo Directivo de CLADEM.
El auge de los "Valores Familiares" en la
región LAC y su impacto en las mujeres y niñas –La Dra. Tamara Amoroso
Gonsalves, CLADEM
Hoy, en un mundo cada vez más desigual, el 30º aniversario
de la Declaración y Plataforma de Acción de Pekín nos encuentra
enfrentando desigualdades sociales persistentes y sistémicas, exacerbadas
por la crisis de los sistemas democráticos y el avance de grupos
ultraconservadores y fascistas. Esto significa que, además de combatir las
desigualdades sociales y materiales, enfrentamos una batalla discursiva que
intenta reforzar roles de género tradicionales para las mujeres, amenazando
los avances logrados en las últimas décadas.
Esto se hace explícito en cuestiones relacionadas con el
derecho de familia y los derechos sexuales y reproductivos. Las desigualdades persistentes en el trabajo doméstico no remunerado y de
cuidado y el impacto de las leyes familiares discriminatorias, incluida
la alienación parental y los impedimentos a los derechos sexuales y
reproductivos, no son cuestiones aisladas: están profundamente
interconectadas con la violencia de género, las disparidades económicas y
la discriminación institucional que afectan desproporcionadamente a las
mujeres y comunidades marginadas en todo el mundo.
Este escenario global se intensifica en sociedades
profundamente desiguales, como las de América Latina y el Caribe, donde el
avance del neoliberalismo ha profundizado brechas
sociales en contextos fuertemente influenciados por valores
patriarcales y tradiciones cristianas conservadoras. Otro desafío para la
igualdad de género en la región es la fragilidad de los estados
democráticos. Tras un pasado reciente marcado por dictaduras y gobiernos
autoritarios, muchos países enfrentan ahora el avance de
movimientos anti-derechos y anti-género, que, aunque adoptan formas
distintas en cada país, comparten estrategias y objetivos comunes.
Estas alianzas reúnen a grupos políticos y sociales
ultraconservadores, junto con sectores fundamentalistas de distintas
tradiciones religiosas —principalmente Católica, Evangélica y
Neopentecostal—, respaldados por sectores de la élite económica más
concentrada. Su objetivo central ha sido revertir los avances en derechos
humanos, feministas, sociales y de la diversidad. Han ganado poder político y
representación parlamentaria en varios países, desde donde impulsan
estrategias para restringir especialmente los derechos de las mujeres y de
la comunidad LGBT, utilizando la noción de "Ideología de
Género" Como herramienta de movilización social y política.
Durante décadas, las mujeres han cargado con el peso del
trabajo doméstico y de cuidado sin remuneración. Aunque se han logrado
avances hacia la igualdad de género, este trabajo sigue siendo
invisibilizado, no reconocido y desigualmente distribuido. A nivel global,
las mujeres realizan tres veces más trabajo de cuidado no remunerado que
los hombres, lo que limita su acceso a la educación, la autonomía
económica y la participación política. La pandemia de COVID-19 agravó esta
Crisis: el cierre de escuelas y la presión sobre los sistemas de salud
obligaron a muchas mujeres a abandonar el mercado laboral. El
modelo económico actual continúa explotando este trabajo como si fuera un
recurso inagotable, cuando en realidad es un pilar esencial de nuestras
sociedades.
Al mismo tiempo, movimientos ultraconservadores han
reaccionado estratégicamente contra la igualdad de género,
instrumentalizando el derecho de familia. Han promovido el uso de la
figura de la alienación parental en los tribunales como herramienta para
castigar a mujeres que denuncian violencia doméstica o abuso infantil.
Bajo el argumento de proteger los derechos parentales, manipulan los
sistemas legales para quitar la custodia a madres protectoras, silenciar a
sobrevivientes y proteger a los agresores.
En Brasil, por ejemplo, en el 70 % de los casos de
alienación parental las madres son señaladas como alienantes, obligando a
niños y niñas a volver con sus agresores y reproduciendo violencia
institucional. Esta problemática se expande a nivel global, especialmente
con la aplicación de la Convención de La Haya sin perspectiva de género.
Simultáneamente, el acceso a los servicios de salud sexual y
reproductiva, particularmente al aborto, ha sido severamente restringido
debido a la presión de estos mismos grupos. En
América Latina y el Caribe, las niñas víctimas de violación
enfrentan enormes obstáculos para acceder a abortos legales. En Brasil,
donde el aborto solo está permitido en circunstancias limitadas, el cierre
de clínicas, el acoso a profesionales de la salud y la Campaña Mundial
por la Igualdad en el Derecho de Familia (GCEFL) organizó este evento
con el apoyo consecuencia, muchos jóvenes sobrevivientes de violación son
forzadas a la maternidad, perpetuando ciclos de pobreza y trauma. Estas
barreras sistémicas constituyen una forma de violencia institucional, violan
derechos humanos fundamentales y contravienen internacionales como
la Convención sobre la eliminación de todas las formas de
discriminación contra y la Convención sobre los Derechos
del Niño, además de dificultar la implementación de la Declaración
y Plataforma de Acción de Pekín.
Las consecuencias de estos retrocesos legales y políticos
trascienden los casos individuales: refuerzan narrativas extremistas que
amenazan con desmantelar por completo la justicia de género. Para
construir un mundo más justo y equitativo, es urgente:
· Reconocer y redistribuir el trabajo de cuidado
no remunerado mediante políticas integrales, incluyendo guarderías
públicas financiadas por el estado y licencias familiares remunerados.
· Derogar las leyes de alienación parental que
criminalizan a las madres protectoras y garantizar que los sistemas de
Justicia adopten enfoques sensibles al género.
· Garantizar el acceso a los servicios de salud
sexual y reproductiva, incluido el aborto, especialmente para
sobrevivientes de violación.
· Responsabilizar a los gobiernos por resistir
los ataques ultraconservadores al derecho de familia y a los derechos
reproductivos.
Debemos actuar de inmediato para frenar los retrocesos, proteger los
derechos conquistados con tanto esfuerzo y construir un futuro donde la
Justicia Prevalezca.
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