Inmersa en la violencia que caracteriza a las sociedades modernas, la violencia contra las mujeres manifestada en el abuso, la violación e incluso el asesinato, expresa la desigualdad e inequidad que configura la asimetría del poder entre hombres y mujeres, realidad que ha permanecido naturalizada e in visibilizada en el espacio social público.

Sumergida en esta estructura de inequidad, la violencia de género, que es expresión de esta misma génesis, intenta perpetuar el sistema de jerarquías impuesto por la cultura patriarcal y por esta vía, acentuar las diferencias apoyadas en los estereotipos de género, conservando las estructuras de dominio que se derivan de ellos.

La ideología patriarcal, acunada durante siglos por la educación, la religión y el Estado en su conjunto, sigue siendo una constante en los conceptos, visiones y actitudes machistas que sustentan la discriminación y la subestimación hacia las mujeres, mecanismo social y cultural para su control y dominación.