Bolivia – Hace 27 años, nació el Centro de Promoción de la Mujer Gregoria Apaza (CPMGA) en la ciudad de El Alto, Bolivia. A más de cuatro mil metros de altura, esta organización comenzó a andar junto a la ciudad, acompañando a mujeres y jóvenes en sus inquietudes, necesidades, luchas y sueños.

Por Claudia Espinoza Iturri*

Uno de los brazos más importantes del CPMGA fue la comunicación en sus múltiples formas, idiomas y códigos buscando la construcción de un lenguaje intercultural, no sexista, libre de la opresión patriarcal y acorde, en cada momento, a los cambios tecnológicos y culturales no sólo de El Alto, sino de Bolivia y el mundo. Porque la sociedad alteña además de ser un punto de encuentro de varios flujos migratorios, de convivencia entre lo moderno y lo ancestral, de organizaciones sociales altamente politizadas, es también pujante en cuanto a capacidades productivas, de manera que está ligada al mundo globalizado, pese a los índices de pobreza con los que cuenta.

Un escenario múltiple

Las múltiples identidades que se despliegan en El Alto hacen de este escenario un vasto campo de hábitos, prácticas y gustos comunicacionales, que se multiplican desde las asambleas, las ferias, los mercados, los videos, el teatro, la música, la plástica, la literatura, la fiesta hasta los medios masivos propios y, en algunos casos, clandestinos.

En esta cartografía, el CPMGA construye posibilidades de comunicación vanguardizando en la década de los 80, las formas de la comunicación popular, por la cual mujeres jóvenes y adultas pueden recuperar la palabra en los medios masivos, relatando facetas de su realidad en su propio idioma (aymará). A través de los programas televisivos “Warmin Arupa”, El Alto se dio a conocer al país y al mundo, con noticieros producidos desde la voz de las mujeres.

Pero las culturas indígenas urbanas —como es el caso en El Alto— si bien mantienen cierta preferencia televisiva, guardan una profunda tradición oral casi obligatoria por el silenciamiento que se les impuso desde la colonia, de modo que el medio masivo más accesible y recurrido constituye la radio, donde es posible desarrollar el imaginario urbano a partir de códigos culturales que mantienen viva la memoria histórica, el idioma, la organización, la religiosidad andina y el contacto con lo moderno, todo para reafirmar las identidades culturales.

Alertas a ese contexto, el CPMGA crea Radio Pachamama como un medio institucional que a través de formatos alternativos de comunicación contribuye a procesos socioculturales de formación desde el discurso para una vida sin violencia ni discriminación. A lo largo de su existencia, Radio Pachamama va madurando no sólo la emisión mediática con temas de interés para la vida cotidiana de las mujeres, sino amplía su espectro participativo hacia una relación con la comunidad centrada en la juventud. Hoy, ya va por la quinta versión del concurso Waskiris con jóvenes de los colegios, que llega a articular a cientos de jóvenes preparados para responder preguntas sobre historia, derechos humanos, derechos sexuales y derechos reproductivos, arte, entre otros. Si bien la etapa final elige al mejor colegio, la idea es mantener un concurso prolongado para motivar el estudio y la participación.

Y es que esta acción comunicacional responde a una realidad compleja en la que la juventud es más adulta que joven, forjada por sus propias necesidades en el plano laboral, económico y familiar. Desde temprana edad, chicas y chicos se integran al trabajo de sus familias en el comercio, principalmente, o buscan alternativas de sobreviviencia que los pone en contacto directo con el aprendizaje callejero con toda su carga positiva y negativa. Pero así también en la actualidad existe mucha más flexibilidad en la formación técnica y académica, por lo que una buena parte de la población joven alterna entre el trabajo y el estudio.

Ser joven en El Alto

Sandra Huallpa Mamani, quien asiste a los cursos de formación técnica en el CPMGA, reflexiona sobre el ser joven en El Alto y dice que “lo bueno es que vives al máximo, experimentas cosas. Lo malo es que a veces por ser joven otros no entienden, digamos, somos jóvenes pero… Como los papás se han criado así nos dicen: tienes que hacer esto y esto siempre, pero los jóvenes otros no quieren. Los padres que estaban criados a la antigua nos imponen cosas que un joven no quiere, eso es lo malo”. Ella estudia y trabaja, y entre sus sueños quiere abrir su propio taller y estudiar psicología.

Su compañera Jhenny Apaza cree que ser joven “es lo más hermoso, es lo más valioso de la vida”. En la mañana ella estudia, después ayuda en la casa. Pero sus cotidianidad no termina ahí, siempre hay un momento en el que ella repasa sus sueños y quiere “terminar esta carrera, tener una base, un trabajo y seguir estudiando. Quiero entrar a la universidad…”.

David Choque también estudia costura con Sandra y Jhenny. Para él, la juventud es el tiempo de aprender y por eso le pone mucha esperanza a que terminando este estudio podrá contar con una microempresa propia. Por ahora cuenta, “estoy estudiando costura; los sábados y los domingos trabajo”.

Teatralizando lo cotidiano

Así es como la juventud combina sus estrategias de vida. Y pese a que el día se agota en una y otra actividad, no falta el tiempo para dedicarle a la música, el paseo, el enamoramiento y las amistades. Quizá este espacio de compartir la vida cotidiana sea uno de los más añorados y es ahí donde el CPMGA también trabaja con la posibilidad de constituir momentos lúdicos y de aprendizaje, donde la juventud es la protagonista a la hora de comunicar a la comunidad sus desafíos, dudas, expectativas y valores.

A partir de un proceso de formación en derechos humanos, grupos de jóvenes conforman las “Brigadas de Noviazgos sin Violencia”, donde preparan varias actividades, cuya acción central es una feria en la que se presentan, a la población alteña, las habilidades y destrezas obtenidas a través de paneles informativos, juegos lúdicos y concursos, como parte de la prevención de violencia en parejas de enamoramiento o noviazgos. El concurso de teatro constituye un eje central en el que se puede conocer la creación e interpretación de la juventud sobre paternidad, maternidad, género vs sexo, ITS, VIH/ SIDA, noviazgos violentos, violencia intrafamiliar, opciones genéricas y sexuales, trata y tráfico de personas.

Toda esta producción se la hace de manera pública y abierta en las plazas alteñas, donde la población interactúa con las brigadas, expresa sus comentarios y se informa con ellas sobre esas problemáticas de la vida cotidiana.

En la presente gestión, también se coadyuvó en el III Encuentro de Teatro sobre Descolonización y Despatriarcalización, en el que participaron colegios de El Alto y La Paz. En una jornada llena de talento, adolescentes y jóvenes de 8 unidades educativas de El Alto y La Paz participaron en la última sesión del III Encuentro Intercolegial de Teatro de creación colectiva, organizado por la Comunidad de Arte y Cultura IRPIRI, con el apoyo del CPMGA, el Ministerio de Educación y el Viceministerio de Descolonización.

Para la escritura de las obras, los grupos de secundaria realizaron talleres de reflexión y debate previos a fin de problematizar sobre las diferentes realidades en las que se vive en Bolivia. Los 4 grupos seleccionados, de las unidades educativas alteñas 18 de diciembre y San Juan, y paceñas Liceo Venezuela y Colegio Ayacucho, se trasladarán a Cochabamba, el 12 de diciembre para escenificar una muestra conjunta con colegios de ese departamento, además de realizar réplicas a los centros culturales Martadero y Saprocito.

Hip hop alteño

En otros años, la forma comunicacional adoptada entre las “Brigadas de Noviazgo Sin Violencia” fue la música de hip hop, un género importado de las grandes metrópolis que encontró un gran potencial en la creatividad juvenil de El Alto. Artistas reconocidos como Ukamau y Ké y Nina Uma van dejando huella con sus líricas como “varón/mujer, algo difícil de entender”, “libertad para los medios y no libertinaje/el pueblo está cansado del mal mensaje/ No queremos más medios mentirosos” y otras que cantadas en idioma aymará le han dado una personalidad única en el ámbito artístico.

En otro escenario, el cine también resulta un espacio para compartir entre la juventud, en una ciudad que no cuenta con salas para las y los espectadores. Por eso, el CPMGA decidió llevar el cine a los colegios con el programa “El cine de la diversidad”, para que las y los colegiales puedan asistir pero además debatir en torno a lo que ven. Este cine club se combina con la transmisión radial para llegar a un público más amplio, por la cual las chicas y los chicos se expresan libremente sobre las temáticas propuestas en el marco de los derechos humanos.

Finalmente y, como no podía ser de otra manera, el CPMGA cuenta con un sitio web exclusivo para la juventud. En www.chicaschicosnet.com se encuentra habilitado un chat para consultas sobre sexualidad, adicciones, enamoramientos y violencia, con toda confidencialidad, además de ofrecer información sobre trabajo, agenda cultural y otros temás de su interés.

Hasta aquí hemos hecho un esbozo del trabajo comunicacional que el CPMGA realiza con y para la juventud. La premisa es que la comunicación no se reduce a los medios masivos, sino es sobre todo la relación con la comunidad, donde todas y todos ejerzan el derecho a la palabra y a la particiación democrática con miras a contribuir a una sociedad intercultural, descolonizada y despatriarcalizada. Este fin persigue el CPMGA y por ello camina con la gente del presente que no es otra que la juventud trabajadora, estudiosa y talentosa que busca un hoy donde anide la esperanza.

*Claudia Espinoza Iturri es gerenta de Acción Ciudadana y Comunicación del Centro de Promoción de la Mujer Gregoria Apaza, El Alto, Bolivia.