CLADEM Paraguay – La propuesta gubernamental de invertir una fuerte suma de dinero en la educación técnica parece buena, pero el proyecto debería estar enmarcado en derechos humanos y permeado de valores en género.

Por Maria de Jesús Caballero Legal

El gobierno paraguayo se propone invertir 10 millones de dólares por año, en la formación docente técnica, en laboratorios de colegios e instituciones técnicas para actualizar y mejorar la enseñanza a fin de formar futuros profesionales que cubran las necesidades laborales de la economía. Los objetivos fundamentales buscan generar mano de obra capacitada para las ofertas de trabajo en empresas y plantas fabriles, afrontando así los nuevos desafíos tecnológicos.

La propuesta gubernamental, no deja de ser interesante, pero no es tan sencilla, ya que guarda relación con el modelo de desarrollo que nos proponemos como país. Ciudadanía competitiva de alta formación tecnológica orientada a mano de obra calificada para mejorar sustancialmente la calidad de vida de quienes accedan al empleo.

 

La población ocupada en Paraguay a grandes rasgos está distribuida de la siguiente forma: sector primario (agrícola/ganadero) 29,5% (34,4% hombres, 21,6% mujeres), sector secundario (manufactura) 16,8% (21,1% hombres, 9,9% mujeres) –que es el que nos convoca- y el sector terciario (servicios) 53,5% (hombres 44,3 y mujeres 68,3). En esta población ocupada, el 42,7% tiene de 1 a 6 años de estudio y el 39% tiene de 7 a 12 años de estudio.

Más de la mitad de los obreros y obreras, empleadas y empleados privados se encuentran por debajo del salario mínimo. El ingreso promedio mensual de los ocupados asciende aproximadamente a 1 millón 306 mil guaraníes, siendo mayor en el área urbana respecto al rural (1 millón 489 mil guaraníes comparativamente con 995 mil guaraníes). Y el análisis por sexo revela que los hombres están mejor remunerados que las mujeres, con una brecha de ingresos de un poco más de 400 mil guaraníes a favor de los hombres, tanto en el área urbana como rural. Pero el ingreso medio per cápita para el año 2009 a nivel nacional es cercano a los 775 mil guaraníes, según la Encuesta Permanente de Hogares 2009.

Estos datos nos muestran elementos a considerar a la hora de enfatizar la educación técnica. Un aspecto es considerar que la población no constituye mano de obra de recambio, es decir, la flexibilidad laboral, la maquila y el trabajo en negro no alientan a la mejora de la calidad de vida sino que convierte a la mano de obra en “material” de recambio. Esto significa profundizar políticas sociales y salariales serias que humanicen la mano de obra.

Por otra parte, es necesario considerar que la educación técnica debe tener un fuerte componente humanista, enfocado a la formación de valores y a la construcción de una ciudadanía critica.

La educación técnica, puede suponer gastos de bolsillo que las familias no siempre están en condiciones de asumir, es necesario que la inversión en este ámbito educativo considere dotar a las instituciones de las herramientas e insumos suficientes para que cada institución lo administre responsablemente y pueda el alumnado familiarizarse y manejar estas herramientas de trabajo.

En el proceso educativo, las curriculas o las asignaturas como carpintería, herrería o plomería habitualmente presentan fuertes rasgos de discriminación de género, tanto por el personal docente, como por el alumnado, sean hombres o mujeres, deslizan los roles tradicionalmente asignados y asumen actitudes de mando o subordinación conforme a estos roles.

En consecuencia, a la hora de la presentación de la competitividad, las niñas o jóvenes relegarán su valía y probablemente sus aspiraciones estén en carácter subalterno. Hemos tenido oportunidad de observar la actitud de las jóvenes en una clase de herrería, quienes atajaban los materiales y quienes manipulaban las herramientas, quiénes demostraban interés y quiénes mostraban cuidado por su apariencia o comentarios ajenos al tema. La perspectiva de género debe ser transversal en las materias técnicas fundamentalmente, las y los docentes deben considerar acciones positivas que incentiven a las mujeres a formarse y adquirir destrezas. La permisividad basada en prejuicios de género no contribuye a cumplir los objetivos de empleo y atenta contra la calidad educativa que permita que las mujeres puedan desempeñarse con alta destreza. Vemos que las jefas de hogar de bajos niveles de estudio no gozan de ingresos satisfactorios que contribuyan a mejorar la calidad de vida.

La educación técnica abordada desde la visión humanista, en el marco de los derechos humanos y buscando aspectos de currículum oculto de género que se puedan erradicar, puede contribuir a elevar los índices de empleo, los ingresos per cápita y la calidad de vida que toda sociedad se merece por su condición de seres humanos.

Es relevante considerar paso a paso estos aspectos y profundizar el análisis que permita que la educación pueda ser no sexista, pública, gratuita y de calidad, e implementada en el marco de los derechos humanos para constituir un horizonte interesante.