IPS – Los prejuicios y la violencia son las principales barreras a la prevención y combate del sida en América Latina, donde la epidemia está sin embargo estabilizada. Por Fabíola Ortiz, IPS
 Desde Río de Janeiro

La relativa estabilidad de la enfermedad se debe al tratamiento con medicamentos antirretrovirales en los países latinoamericanos”, dijo a IPS la coordinadora del grupo técnico de Derechos Humanos, Género y Diversidad Sexual del Grupo VIH/Sida del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Mandeep Dhaliwal.

“Pero las estadísticas muestran que los homosexuales son 19 veces más susceptibles a la infección de VIH”, virus de inmunodeficiencia humana, agregó.

Dhaliwal es una de las organizadoras del Diálogo Regional para América Latina de la Comisión Global sobre VIH y Derecho, que se celebró en la sureña ciudad brasileña de São Paulo el domingo 26 y este lunes 27, reuniendo a 120 participantes de 18 países para discutir los obstáculos para derrotar al síndrome de inmunodeficiencia adquirida.

Este fue el cuarto de siete Diálogos Regionales planificados este año para elaborar acciones y recomendaciones fundadas en los derechos humanos y en evidencias de respuestas eficaces al VIH en África, América Latina, Asia Pacífico, Caribe, Europa Oriental, Medio Oriente y Norte de África y Países de altos ingresos.

”El estigma que viven las poblaciones de riesgo las empuja a la penumbra de la sociedad porque no se sienten cómodas y protegidas para buscar tratamiento”, dijo Dhaliwal.

“Necesitamos más parámetros para mirar esta población de riesgo, pues muchos datos son recolectados con base en los heterosexuales. Los países probaron ser eficientes para reunir los recursos necesarios, pero no para los segmentos de homosexuales y de transgéneros”, agregó. 

La cobertura de atención y tratamiento alcanza a menos de 20 por ciento de estos grupos vulnerables, en los que se encuentran también usuarios de drogas y trabajadores y clientes del comercio sexual, entre otros. 

El PNUD y el Fondo de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida (Onusida) crearon la Comisión Global en junio de 2010 para que condujera el debate mundial sobre las cuestiones legales y de derechos vinculadas a la pandemia.

La marginación y la penalización de los seropositivos (portadores de VIH) son uno de los aspectos que se propuso abordar el Diálogo Regional. Los especialistas también dirigieron el debate a la revisión de la legislación vigente.

Las leyes varían en cada país, dijo a IPS la coordinadora sobre VIH del PNUD en América Latina y el Caribe, Maria Tallarico. La región registra avances efectivos en términos legislativos.

”Ningún país tiene leyes que prohíban o penalicen la homosexualidad, pero no es suficiente.

En la implementación de las practicas legales, los mecanismos de regulación no son aplicados y no se penaliza a los infractores”, dijo Tallarico.

Aunque ningún país latinoamericano discrimine a personas con VIH, esto ocurre a “título personal”. Según Tallarico, Brasil cuenta con la iniciativa de “discriminación cero”, pero no hay cómo medir su desempeño.

En El Salvador, un decreto castiga la discriminación en el servicio público, pero el “estigma está ligado a cuestiones culturales”, destacó.

”La sociedad civil afirma que todavía cuesta mucho expresar que se necesita atención especializada, porque hay que lidiar con mucha resistencia y prejuicio”, dijo Tallarico.

Dhaliwal coincidió en que los marcos legales son parte de las respuestas para combatir la enfermedad.

Pero el problema es cómo asegurar el respeto a la ley y el acceso a la justicia.

”Nos dimos cuenta de que para una respuesta efectiva, hay que dirigir el ambiente legal. En América Latina vemos buenas leyes en algunos casos, pero que no están implementadas. Es una tarea compleja porque hay que entrecruzar la cultura, los principios de moralidad, género y religión”, describió Dhaliwal.

Según datos de las Naciones Unidas, la epidemia de VIH en América Latina no ha cambiado en los últimos años.

El número total de personas que conviven con el virus subió de 1,1 millones en 2001 a cerca de 1,4 millones en 2009, debido a la mayor disponibilidad de medicamentos antirretrovirales que reducen la presencia del virus en el organismo humano y prolongan la vida.

En 2009, se produjeron unas 92.000 nuevas infecciones en la región, de acuerdo con el Onusida.

Tallarico observó que el perfil de la epidemia está concentrado en grupos de riesgo ubicados en segmentos más pobres ‒de mayor vulnerabilidad social o con bajo nivel educativo‒, en pueblos indígenas y en la comunidad LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transgéneros).

Aunque la mayor cantidad absoluta de personas con VIH está en los países más poblados ‒Brasil, Colombia y Argentina‒, la proporción más alta de incidencia de la epidemia la tiene América Central.

“El perfil es de una epidemia concentrada; sólo en Belize se observa una epidemia generalizada que supera el uno por ciento de la población sexualmente activa y adulta”, describió.

La coordinadora de VIH en el PNUD destacó que Brasil ‒con 190 millones de habitantes, el país más poblado de la región‒ fue pionero en la producción, acceso y distribución gratuita de antirretrovirales.

Si bien numéricamente concentra un tercio de las personas con VIH de la región, presenta una de las tasas más bajas de incidencia de sida, de 0,6 por cada 100.000 habitantes.

“Estimamos unos 630.000 infectados en Brasil. De estos, 300.000 ni siquiera saben que lo están”, dijo a IPS el médico infectólogo Dirceu Greco, director del Departamento de Enfermedades de Transmisión Sexual, Sida y Hepatitis Virales del Ministerio de Salud de Brasil.

Los casos se concentran en la franja de 30 a 49 años de edad. Entre los adolescentes de 13 a 19 años, hay más contagios femeninos. Y los homosexuales tienen una exposición al virus 15 veces superior al de la población general.

América Latina adolece de diagnóstico tardío, responsable de la mayoría de las muertes, y Brasil no es excepción.

Cada año mueren 11.000 personas, muchas de ellas por no haber recibido tratamiento oportuno, reconoció Greco. El diagnóstico precoz todavía es un desafío por “múltiples razones”.

”Brasil es el país con el mayor sistema público de salud, pero tiene un acceso primario muy complicado. Es necesario mejorar la calidad del ingreso inicial a la red (sanitaria) pública”, dijo.

También falta orientación en muchos médicos sobre la necesidad de solicitar exámenes rutinarios de VIH.

El programa gubernamental de prevención se enfoca en el público gay, la distribución de 500 millones de preservativos por año y la educación sexual en las escuelas.

Tallarico insistió en que las terapias antirretrovirales deben comenzar antes y en que “se haga un esfuerzo para tratar a toda la población, puesto que hay muchas personas que desconocen que existe tratamiento”.

En 1995, la supervivencia de un seropositivo no superaba los 20 meses, hoy ya se estima en 52 meses.

Pero, según Greco, si la enfermedad es bien tratada, ya no será la causa de muerte de muchas personas con VIH. “El diagnóstico precoz y la adhesión al tratamiento aumentaron mucho la sobrevida del paciente”.

A fines de los años 90, Brasil adoptó la política de distribución gratuita de 20 medicamentos a través del Sistema Único de Salud, que invierte por año cerca de 400 millones de dólares en esos fármacos, 10 de ellos producidos en este país.

El sistema de salud pública atiende actualmente a 200.000 personas con VIH/sida.

Políticas similares se adoptaron en la mayor parte de la región. Pero ésta todavía enfrenta picos de dificultad para adquirir y distribuir el cóctel antirretroviral.

”Hay que tener mecanismos eficaces para no interrumpir el tratamiento; es muy grave cuando la distribución no funciona”, criticó Tallarico.

En marzo, Brasil sufrió desabastecimiento del fármaco atazanavir, que utilizan más de 30.000 personas. Se trató de un problema de logística, admitió Greco.