IPS – Amarilis Chilel, de 15 años, abandonó su natal Ixchiguán, en el noroeste de Guatemala, para trabajar en el servicio doméstico en la capital, en una historia común de las mujeres rurales centroamericanas. “Llegué hasta cuarto de primaria”, confesó a IPS.

Por Danilo Valladares*

Desde Guatemala

La adolescente indígena mam, uno de los principales pueblos originarios de Guatemala, asegura que su padre insistió sin éxito en que permaneciera en la escuela. Pero desde que hace ocho meses comenzó a laborar, ella le entrega mensualmente el equivalente a 43 dólares, la mitad de su salario, para la manutención de sus tres hermanas menores.

Chilel todavía sueña con lograr ser maestra, su deseo desde niña.

“El otro año voy a regresar a estudiar”, dijo mientras se aprestaba a limpiar la casa y a hacer el almuerzo a la familia para la que trabaja.

Como ella, miles de mujeres centroamericanas luchan contra un sinnúmero de barreras económicas y sociales para acceder a la educación y la formación, un aspecto que determinará su desarrollo profesional y laboral en el futuro.

Justamente, este año la Organización de las Naciones Unidas (ONU) dedica el Día Internacional de la Mujer, este martes 8, al tema “Igualdad de acceso a la educación, la capacitación, la ciencia y la tecnología: Camino hacia el trabajo decente para las mujeres”, por considerarlo un elemento determinante para romper la discriminación en sus derechos de la mitad femenina de la humanidad.

En Guatemala, por ejemplo, “a los siete años, sólo 54 por ciento de las niñas mayas permanecen en la escuela, comparado con 71 por ciento de niños mayas y 75 por ciento de niñas ladinas (mestizas)”, según un estudio de 2007 de la organización no gubernamental estadounidense Population Council.

“Las niñas centroamericanas tienden a abandonar la escuela principalmente porque tienen que trabajar o porque sus padres tienen que laborar y ellas deben encargarse de los hermanitos y de las obligaciones domésticas”, dijo a IPS Laura Verdugo, de la oficina en Guatemala de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

Paradójicamente, “las mujeres en la región tienen un alto rendimiento académico cuando permanecen en la escuela. Así que cuando tienen acceso al nivel secundario tienden a terminar más los estudios que los hombres”, añadió.

En el caso de Guatemala, Verdugo consideró que algo esencial para este logro fue la medida gubernamental de hacer efectiva la gratuidad de la enseñanza pública desde 2009. Este derecho está plasmado en la Constitución, pero hasta ese año las escuelas exigían pagos por servicios, que limitaba el acceso de los niños de familias pobres.

En Guatemala, con 14 millones de habitantes, la mitad de la población vive en la pobreza y 17 por ciento en la indigencia, según la ONU.

Ahora queda mejorar la calidad educativa y flexibilizar el sistema en horarios, días de asistencia y el calendario escolar, según la experta de la Unesco.

Los rezagos y desafíos para alcanzar la igualdad educativa se repiten en el resto de la región. “Mis padres eran muy pobres y no me pudieron dar estudio. Por eso llegué solo al tercer grado de primaria”, de un total de seis, dijo a IPS la nicaragüense Yolanda Urroz, de 62 años de edad.

Actualmente, hay más oportunidades para la educación de las nicaragüenses, reconoció, “aunque la discriminación persiste. Hay mucho machismo”.

Urroz, madre de cuatro hijos, se dedicó desde niña a la venta ambulante en un mercado municipal del noroccidental departamento nicaragüense de Chinandega, para proveer su sustento y el de su familia, sin lograr salir de la pobreza.

Hace cuatro años decidió migrar a la capital de Guatemala con sus cuatro hijos en busca de oportunidad, donde ahora trabaja como dependienta en una panadería. “Si hubiera estudiado uuuu…”, dijo al comentar que lo que quiso siempre fue un trabajo que le permitiese un futuro mejor para sus hijos.

Pero los estudios tampoco garantizan un trabajo decente. Cristina Martínez, una administradora de empresas guatemalteca de 53 años, contó a IPS la discriminación que sufre por su edad.

”En una empresa me dijeron que por mi edad y para hacerme el favor me pagaban mil ochocientos quetzales al mes (225 dólares) para un puesto de jefa. Imagínese una ya con experiencia no puede aceptar ese sueldo por esas responsabilidades”, se quejó.

Martínez criticó que a los varones “no lo maltratarían por su edad como a nosotras”.

Pero, además, ellas tienen más dificultades para seguir capacitándose y hacer carrera profesional “porque a nosotras nos toca también atender al hogar y a los hijos”, aseguró.

En la región, el acceso a la educación, con supremacía incluso en algunos niveles, no ha servido todavía para que la mujer no soporte el mayor porcentaje de trabajo precario y una persistente desigualdad salarial, según subrayan los expertos.

Un ejemplo de ello es lo que sucede en Honduras.

La directora del gubernamental Instituto Nacional de la Mujer, María Antonieta Botto, explicó que en su país “la tasa de mujeres de cinco a 18 años que asisten a algún centro de enseñanza es de 60,7 por ciento, mientras la de los hombres es de 57,6 por ciento”.

Pero “pese a ello, las mujeres ganan 66 por ciento de lo que ganan sus compañeros varones por el mismo trabajo”, detalló al explicar que para tratar de revertir la situación Honduras ha lanzado un Plan de Igualdad y Equidad de Género.

El director de la escuela de formación para Agencias de Desarrollo Económico Local y Centros de Servicios para los Emprendimientos de las Mujeres, Alejandro Benítez, está convencido de que en la capacitación está la llave para la igualdad de género.

De la capacitación depende, adujo, “el empoderamiento económico de las mujeres” y ellas “son generalmente excluidas” de los programas para ello.

La escuela, con base en El Salvador y patrocinada por el Fondo de las Naciones Unidas para la Mujer (Unifem), atiende a unas 2.000 mujeres en ese país, Guatemala, Honduras y Nicaragua, a las que capacita como emprendedoras, empresarias y en el acceso al crédito.

”Debemos darle sus espacios porque la mayoría de las mujeres invierten en la salud y educación de sus hijos, en mejoras para su vivienda, en sus empresas y entonces el impacto es mayor en la calidad de vida de las familias”, explicó.

*Este artículo integra la cobertura de IPS por el Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, que este año la ONU dedica al tema “Igualdad de acceso a la educación, la capacitación, la ciencia y la tecnología: Camino hacia el trabajo decente para las mujeres”.