El 22 de diciembre un exabrupto sacudió a la sociedad salvadoreña, el Presidente Mauricio Funes y su esposa Doctora Vanda Pignato le desearon una “Feliz Navidad” a la Licenciada Julia Evelyn Martínez Barraza, hasta ese momento Directora Ejecutiva del Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer (ISDEMU).

La noticia de la destitución de Martínez tomó por sorpresa a muchas organizaciones sociales y a la población en general porque 10 días antes de su destitución, fue ratificada en su cargo por unanimidad de la Junta Directiva cuya Presidenta es Vanda Pignato. Esta situación evidencia que este gobierno se está caracterizando por concentración de poder, decisiones caprichosas y autoritarias. Estas formas reiteradas de la pareja presidencial están perfilando un estilo de gobierno de enfrentamiento con todos los sectores, menos con los capitalistas, aunque la propaganda mediática muestre otras imágenes, la realidad es distinta.

Julia Evelyn Martínez Barraza, economista de profesión, académica reconocida, llegó a la Dirección Ejecutiva del ISDEMU, sin diploma de feminista. Sin embargo, trabajó por y para las mujeres, se acercó y coordinó acciones de trabajo con organizaciones de mujeres y en los pocos espacios dejados por empleadas de gobiernos anteriores contrató a feministas, situación que nunca antes fue posible.

La existencia del ISDEMU “es una conquista de las mujeres salvadoreñas a la que no estan dispuestas a renunciar”, dijo Martínez que reiteró su interés de continuar participando en forma decidida en la definición de sus directrices. Un aspecto que llamó la atención fue el nombramiento inmediato de su sustituta, por una feminista que se desempeñaba en la Junta Directiva, precisamente representando a su organización y a otras organizaciones que no tuvieron conocimiento del hecho que se planeaba hasta que fue una situación consumada y conocida desde el escándalo público.

Para las organizaciones feministas, las recientes reformas al Reglamento de la Ley del ISDEMU a través de Decreto Presidencial emitido el 12 de noviembre recién pasado, constituyen un retroceso y son una seria limitación a las funciones de la Dirección Ejecutiva, independientemente de quien ejerza esta responsabilidad. Con estas reformas, se restringe el cumplimiento de su misión institucional pues en adelante, quien funja como tal tendrá que pedirle permiso a la señora Pignato para representar al ISDEMU dentro y fuera del país, aceptar una entrevista o, participar en foros y seminarios.

El movimiento feminista tiene claro que la eficiencia y la capacidad rectora del ISDEMU no depende solamente de quien esté en la Dirección Ejecutiva, sino de voluntades, prioridades y decisiones gubernamentales sinceras para que los derechos de las mujeres no se conviertan en retórica en los discursos oficiales.

El movimiento feminista tomará sus días para digerir y recomponer las fracturas dejadas por esta acción dolosa, cuidadosamente bien preparada y dirigida precisamente a dividir a las organizaciones de mujeres. También la lección aprendida es que, ahora se sabe quiénes son, cuántas son y qué se espera en estas turbulentas aguas cuando se está de lado del poder.