ARGENTINA – Por Redacción – Rosario, Ciudad de Derechos Humanos, es el nombre de un proyecto que hace 13 años busca, encuentra y trabaja con subjetividades multiplicadoras en las aulas para que los chicos expresen con sus propios medios sus derechos, los vulnerados, los respetados y los anhelados.

Cuando el menemismo empezaba a ver la luz al final del túnel en Argentina, un grupo de activistas vio que los derechos de los ciudadanos en la Provincia de Rosario se podían potenciar desde lo local y que poco se podía esperar de las autoridades nacionales.

Ejercer activamente la democracia para promover la igualdad en una ciudad de algo más de un millón de ciudadanos fue el objetivo para un conjunto de militantes del Instituto de Género y Desarrollo (Insgenar) que en 1997 comenzaron a trabajar para promover los derechos humanos en las escuelas primarias.

“Cien por ciento ciudadanos eran los que vivían en el centro de la ciudad y a medida que te ibas alejando hacia la periferia, la gente conocía y ejercía menos sus derechos, participaba y conocía menos su ciudad”, recordó Susana Chiarotti*, fundadora y directora de Insgenar.

Por ello comenzaron a trabajar “en esta, un poco utópica idea, de que todo el mundo conozca sus derechos humanos”. El primer proyecto con el que trabajaron fue con la Comunidad indígena Qom Toba, que hasta 1919 dieron batalla contra las autoridades argentinas por su autonomía. Batalla que perdieron. La comunidad indígena reclamaba tener derecho a entrar al supermercado. “La gente de la comunidad Toba no tenía derecho ni a entrar al supermercado. Los guardines cuando los veían les decían que no podían entrar”.

A partir de comprobar que hay varias maneras de entender los derechos y de que los derechos que se vulneran no son siempre los mismos, el Insgenar tuvo la idea de hacer concursos escolares para que los propios chicos pudieran contar desde expresiones artísticas sus propias referencias sobre los Derechos Humanos.

“Si te dan un tratado para repetirlo, incorporas algunas palabras y repetís como loro. Pero si te piden que lo escribas en un lenguaje cotidiano, lo interiorizas. Largamos la propuesta primero con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y luego con la Convención de Derechos del Niño”, manifestó la directora de Insgenar.

Los impactos del programa en sus trece años de camino son varios. El primero que una parte interesante de niños, niñas, adolescentes, educadores, funcionarios públicos (jueces, abogados, policías, autoridades gubernamentales), comenzaron a tomar conciencia sobre el asunto de los Derechos Humanos.

Este año el trabajo del Insgenar se enfocará en la Facultad de Derecho. “Queremos llevar los derechos humanos de las niñas y las mujeres. Porque a la hora de reclamar acceso a la justicia vemos que los jueces no estudian Derechos Humanos, no tienen idea de qué es la discriminación por género, y cuando son jueces ya es tarde, hay que apuntar a donde se forman”, señaló Chiarotti.

*Susana Chiarotti es abogada en derecho de familia. Trabajó en Bolivia con la Asamblea Permanente de Derechos Humanos y varias comunidades indígenas, fundando el CEJIS, Centro de Estudios Jurídicos y Sociales. En 1984 regresó a Rosario y participó en la creación de varias organizaciones de derechos humanos y derechos de las mujeres. En abril de 1996, fue elegida coordinadora regional del Comité Latinoamericano y del Caribe para la Defensa de las Mujeres (CLADEM).