Este informe profundiza en los estándares internacionales sobre derechos en educación sexual y los condicionamientos sociales, culturales y políticos que los colocan en situación de abandono casi generalizado en los sistemas educativos “modernos”. A pesar de la infinidad de declaratorias y de leyes a favor de la igualdad y de la justicia de género, los sistemas educativos continúan insensibles en materia de educación sexual integral, como la piedra en que se posa el viento, que sigue siendo impenetrable e inamovible.

Este es el primer libro de una serie de publicaciones que la Campaña por una Educación No Sexista y Antidiscriminatoria realizará.

El trabajo está integrado por el prólogo del libro, escrito por Moriana Hernández, coordinadora de la Campaña, “La piedra y el viento. El derecho a una eduación sexual integral”, es el Informe Preliminar de Vernor Muñoz como ex Relator del Derecho a la Educación de Naciones Unidas.

“El derecho a la educación de las niñas”, es el capítulo que Muñoz dedica a la problemática de la educación en derechos sexuales en las escolares.

A continuación extractos del libro que también puede bajar.

Invariablemente, la negación del derecho a la educación sexual revela causas y condiciones que impone el patriarcalismo y que tienen efectos en todas las personas, con especial rudeza en las niñas, las adolescentes y las mujeres.

La ausencia de educación sexual ha sido una de las constantes en las propuestas educativas, motivo por el cual decidí presentar un informe sobre esta cuestión al sexagésimo quinto período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que se llevará a cabo en el mes de octubre del año 2010.

Este tema ha suscitado nuestro interés y preocupación desde el inicio de mi mandato como Relator Especial y por esta razón constituye el motivo central del último informe de mi gestión, puesto que mi trabajo finaliza el 31 de julio de 2010.

Somos conscientes de las preocupaciones que rodean a la temática que se aborda y por lo tanto afirmamos nuestro respeto hacia la diversidad de opiniones que el tema suscita, subrayando que el Derecho a la Educación Sexual está fundado en la dignidad humana y en el Derecho Internacional de los Derechos Humanos.

Los Estados deben asegurar que no se restrinja el acceso de las personas a los servicios apropiados y a la información necesaria, debiendo remover las barreras sociales y regulatorias respecto de la información sobre el cuidado y la salud sexual y reproductiva, como se afirmó en la Plataforma de Acción de la Conferencia sobre Población y Desarrollo de El Cairo3. En cualquier caso, también los padres y madres y otras personas legalmente responsables de las y los estudiantes deben proveer la apropiada dirección y guía en materia sexual y reproductiva.

La sexualidad es una actividad inherente a los seres humanos, que abarca múltiples dimensiones personales y sociales. Sin embargo, esta actividad suele permanecer oculta o exclusivamente ligada a la reproducción, por diferentes motivos -tanto culturales, como religiosos o ideológicos-, que en su mayoría están relacionados con la persistencia del patriarcalismo.

El Estado moderno, en tanto construcción democrática, debe velar para que la totalidad de sus ciudadanos y ciudadanas accedan a una educación de calidad, sin permitir que las diversas instituciones religiosas establezcan patrones de educación o de conducta que se pretenden aplicar no sólo a sus fieles, sino a la totalidad de la ciudadanía, profesen o no esa religión. Consecuentemente, he tomado nota, con especial preocupación, de diversos episodios en los que en nombre de concepciones religiosas se ha dificultado la educación sexual y me permito reiterar que una educación integral es garantía de un ambiente democrático y plural.