Organización de Estados Iberoamericanos – El Debate Metas Educativas 2021, arrojó varias conclusiones y relevó varias situaciones que se dan en los sistemas educativos de América Latina y El Caribe. Parece importante para nuestro análisis el punto que versa sobre las diferencias de género y las particularidades que presenta la educación en un continente tan diverso como el americano.

Describir la realidad de los países iberoamericanos significa hablar necesariamente de heterogeneidad, diversidad cultural, lingüística y étnica. Desgraciadamente, esta enorme riqueza y diversidad lleva asociada también una enorme desigualdad entre países y, cada vez de manera más pronunciada, al interior de cada país.

Los datos son alarmantes. Tal y como se pone de manifiesto en el documento inicial de Metas Educativas 2021, la diversidad étnica de la población de América Latina y el Caribe cuenta con casi 580 millones de habitantes (datos de 2007); los pueblos indígenas y los afrodescendientes, cuyas poblaciones se estiman alrededor de 58 millones y 174 millones, respectivamente, se sitúan entre los grupos étnicos más desfavorecidos de la región; se cuentan más de 400 grupos indígenas en América Latina de los cuales, de acuerdo a datos censales, Bolivia es el país con mayor población indígena (66%), y en términos absolutos, México es el país con un mayor volumen de población indígena, seguido de Bolivia y Guatemala.

A estos datos hay que añadir la exclusión y discriminación histórica que viven.

La mayor incidencia de la pobreza, el menor ingreso, escolaridad y esperanza de vida, la mayor mortalidad infantil y materna, y un menor acceso a la salubridad y al agua potable, son otras de las profundas carencias que las minorías étnicas y culturales sufren.

En el caso concreto de las diferencias debidas al género, la mujer vive en una situación de desventaja frente al hombre en la mayor parte de los países de Iberoamérica. Las estadísticas muestran que, en el caso de las mujeres indígenas, afrodescendientes o de otro grupo originario, son todavía mayores las dificultades que enfrentan. Los datos recogidos en el texto inicial muestran que, en 2006, la tasa de desempleo de las mujeres indígenas y afrodescendientes fue un 85% mayor que la de su contraparte masculina en promedio para los siete países en que se contó con esta información, mientras que la tasa de desempleo promedio de las mujeres no indígenas ni afrodescendientes superó en más de 60% la de su contraparte masculina.

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